lunes, 27 de noviembre de 2017

Jiu-jitsu

Pienso mucho en cuchillos
en llevar uno a Brasil
aunque probablemente me lo quiten
en los aeropuertos
tener un cuchillo chiquitito, útil
escondido en la bombacha, 
en las zapatillas
Una navaja brillante, con luces fosforescentes
para comer y defensa propia
Imagino que puedo arrojar cuchillos como mata hari
Y que en la selva pelearé contra una víbora
O salvaré a Rodrigo, Fernanda o Diego
de una gangrena en una isla desierta
Todo esto es una fantasía
no sé pelear para nada, menos con cuchillos
Como aquella vez en 2003
Una chica me quería pegar por hacerme la linda
a la salida del colegio 
me agarró, era rubia y maciza como descendiente de alemanes llena de furia
venía con muchas amigas y perros, 
tenían enojo también
Vámos a pelear ahora, dijo
Le dije NO, no puedo, tengo que cuidar a mi hermano menor
Respondió: bueno pero mañana te agarro
Esa tarde en la plaza mis amigos me enseñaron a pelear
les pegaba piñas pero al llegar al cuerpo
la fuerza se iba, como un flan
Practiqué mucho las piñas y las patadas
Pero la chica rubia se olvidó de pelear,
Otro día llegó Yohana
Me gritaba monja puta y se escondía detrás de los árboles
La agarré una mañana, qué problema tenés?
Con vos, ninguno
Me di vuelta
Me pegó por atrás, a traición
Le pegué piñas en el estómago
Nos caímos al piso, nos agarramos del pelo muy fuerte
Los perros nos ladraban
Estábamos trenzadas como una posición de Jiu-jitsu
No me soltaba, hasta que nos separaron los vecinos
Esto no va a quedar así, le grité llorando
¿De dónde salía esa voz?
¿Alguien me puede explicar de dónde

sale esa voz?

jueves, 16 de noviembre de 2017

Algo del diario del 2017

MÁXIMAS QUE REGULEN MI COMPORTAMIENTO
Nada de pelear con gente
Nada de pasado
Nada de planificar vacaciones
Nada de pensar en enemigxs
No generar enemistad o conductas obsesivas
Menos drogas y menos alcohol
Nada de hacerme la cabeza con que soy vieja o pobre
¿Podemos llevar a cabo este plan y una vez en la vida estar tranquilas?

4 de mayo
A pocos días de mi cumpleaños
R quiere enterrar a sus padres debajo de la higuera. Faltan menos de diez días para tener 27 años y algunos más para rendir el último final. Salgo a comprar dentífrico y el barrio me entristece. Quizás por la luz de la tarde. Está anocheciendo y la gente está desabrigada y con tinturas raras en el pelo. Pienso en el pelo de Romina que vino de Londres. Su pelo es maravilloso, largo y está por viajar a África.
Ipi no atiende el teléfono.

Junio 2017
Tuve algunos problemas
Suspendieron la mesa en la que rendía el último final, y se negaron a un pedido de mesa extraordinaria. Así que estuve una semana muy triste, pensando que mi vida no servía para nada. Buscando conflictos por internet por cosas del pasado, sin plata.
El viernes fui a mi casa y peleamos con mi papá.
Una pelea fuerte, como las de antes, en la que papá sufre un ataque de ira.
Parecía que se iba a morir y yo me reí en su cara.
Le dije que estaba hermanado con burgueses y patrones.
Él es insoportable, una persona un poco loca pero mi lengua estaba especialmente afilada.
Claramente estaba mal.
En el auto lloré.
Ah! Porque mi papá me echó de su casa a los gritos: “¡No vuelvas a pisar esta casa!”.
Llegué a la mía y sólo podía llorar.
Confundo sentimientos y no logro descubrir qué es amor o necesidad o ambas. Quizás el amor sea esto, cómo saber.
Llegué a casa y me dolían los ojos de llorar, hace mucho no pasaba algo así.
Teléfono equivocado.
Agarré el charango y fui a tomar el colectivo para lo de Luciana.
El barrio, deprimente.

11 de Junio
Es un día brillante y la escritura se presenta cristalina.
Tengo 27 años, me estoy por recibir pero no puedo recordar nada de lo que estudié estos 8 años.
Empecé a estudiar en 2008 con 17 años también era casi virgen.
R poda las rosas del jardín, hay una olla en el fuego y yo estoy leyendo en la cama.

Al despertar sentí la suavidad de las sábanas.

viernes, 10 de noviembre de 2017

vivir en el campo

Salí del colegio y me tomé un remis rural para ir a visitar a mi mamá y a mi abuela como cada viernes. Casi siempre voy caminando, no es tan lejos. 
Hay que atravesar callecitas de tierra, descampados, autos abandonados, caballos sueltos que son pacíficos, casas en construcción, y pasar por la ruta. Cuando llegué no me abrió nadie. Insistí y grité pero nada. Entonces salté una pared, escalé un sauce llorón y trepé a una de las ventanas (cuando era adolescente y me escapaba siempre hacía eso). Bajé las escaleras en silencio. La mesa estaba puesta, el plato con el que me espera mi mamá y la botella de coca. 
Agarré un cuchillo. 
Salí a la vereda y por la loma, vi que venía caminando alguien a lo lejos, no pude distinguir si era mi mamá o un niño con delantal que vuelve solo de la escuela.