martes, 25 de agosto de 2015

martes, 18 de agosto de 2015

Nadie está bailando

Nadie está bailando últimamente
Antes nos juntábamos en una casa
Poníamos música
Y bailábamos
Una vez por semana hacíamos eso
Como un ritual satánico pero alegre
En la casa de matías me acuerdo
Hasta las cinco de la mañana o más
Bailábamos en los balcones
En el ascensor
Con gente que no conocíamos
No nos importaba nada en esa época
En el momento no nos dábamos cuenta
hasta hemos ido a boliches
así todo mal, descontrol
No fue hace tanto en realidad
Éramos arrastrados por un poder maligno y bueno a la vez
Y ahora
Hace tiempo
no pasa
no sabemos por qué
Llega la noche y todos esperamos el momento de bailar
pero en cambio
cantamos canciones tristes
en la casa de melisa
hacemos karaoke de canciones que escuchábamos con nuestras familias
como por ejemplo, ya van tres veces que cantamos Silvio Rodriguez
mientras fran toca el piano
Y nos vamos a dormir así
Un poco en éxtasis
Un poco esperando
La situación del baile
Que no llega
Y no es culpa de nadie
Es una maldición, dije un día
Un año bailás, otro año no
Un año escribís
Y otro no
Un día la música te llega
Y otros días es como ruido detrás tuyo
¿Por qué pasa esto?

Digo, ¿alguien sabe?
¿como un tipo de emoción 
que es como una ola?

sábado, 15 de agosto de 2015

Un texto de Harry Mathews

Un tipo de tristeza dice: el fin existe antes del comienzo. Subestima el futuro al prever que que no quedará nada de lo que está por pasar. Lo que implica que a veces algo sí queda, aunque solo como expectativa, nunca como hecho (...) Lo que siempre pasa, en realidad, es que no queda nada; el momento se termina, el día se termina, la comida se termina, la película se termina, el circo se termina, el abrazo se termina, la botella de Chambertin Clos de Bèze 1937 se vacía, la clase se termina, el curso se termina y los estudiantes se van de tu vida, y la vida también se termina -la de mi padre, la de George, la de Bob Auzanneau- y nada queda, nada queda, salvo yo. El cambio puede ser menos radical de lo que suena si comprendo que nunca hubo nada salvo yo mismo, y la botella, y el circo y Bob existieron dentro de mí. Como consuelo, está garantizado que éste no funcionará siempre. Nada queda del abrazo, y yo me hundo camino al sueño, o miro a mi al alrededor para ver que pasará después. A veces esta tristeza viene después. ¿Cómo podemos seguir exponiéndonos a una desilusión tal? ¿Qué inspiró en nosotros esa añoranza imposible por algo conclusivo? ¿Quizás fue el hambre las que nos hizo experimentar el deseo de poner algo dentro de nosotros, ¿y ese deseo tenía un cuerpo como objetivo? Tragarla, ser tragado por ella: dos actos aparentemente terminales cuya ilusión es más ¨sólida¨, más duradera (...) Te quiero y no puedo tenerte. Te lo dijiste a vos mismo: ¨Ya te has ido¨. Entonces escribo estas líneas, y dejo el problema (en el caso de que sea un problema) intacto y sin modificar.


Nueva York, 1983